Entre las muchas mascotas que nos podemos encontrar, una de ellas es el jerbo, un animal que, aunque parezca que es un ratón o un hámster, en realidad no es así. Es un roedor, sí, porque es de la misma familia, pero suelen ser más monos, grandes y se puede jugar con ellos.

El problema es que muchos no saben cómo cuidar a un jerbo y suelen hacer lo mismo que si tuvieran un hámster o un ratón cuando en realidad necesitan un poquito más. ¿Quieres que te ayudemos a cuidarlo bien?

Lo primero que has de saber de los jerbos es que son animales muy activos e incluso llegan a saltar (algunos, no todos). Su origen es de África y Asia y, al ser tan dóciles, se pusieron de moda como un animal que ocupa poco espacio pero, al mismo tiempo, puedes jugar con él.

Físicamente verás que tienen las patas traseras muy desarrolladas, más que las delanteras, con lo que su forma de moverse es muy rápida y ágil. Las patas de delante las usa para manipular objetos, para excavar, o para coger comida.

Es posible que, si solo tienes un jerbo, se pueda sentir solo porque les gusta vivir en comunidad y formar grupos numerosos pero claro, esto en una casa no es lo habitual y tener una pareja de jerbos puede hacer que, en poco tiempo, tengas muchísimos jerbos a tu alrededor.

Una de las diferencias que tienen los jerbos es el hecho de no tener abazones. Los abazones son las bolsas que tienen los hámsteres en la boca donde almacenan la comida. En el caso de los jerbos, carecen de ella por lo que comen más despacio y sin acumular comida.

Otra diferencia con el hámster es que tienen una cola más larga que la de las otras mascotas y además está recubierta de pelo.

Has de saber que los jerbos son mucho más inteligentes y tranquilos que un hámster o una rata. De hecho, se considera que su inteligencia supera 10 veces la de una rata por lo que es posible que puedas enseñarle truquitos.

Una ventaja de tener un jerbo es, sin duda, la limpieza. Y es que esta mascota no huele, por lo que puedes estar hasta un mes sin limpiarla que no pasará nada.

En cuanto a su forma de ser, los jerbos suelen ser cariñosos y pacientes. Les gusta jugar con las personas y que los acaricien y jueguen con él. No muerden ni son agresivos pero, cuidado, eso es cuando realmente se sienten bien contigo porque, si te tienen miedo, puede haber una reacción. Así que hay que tomarse su tiempo para que se acostumbre a ti.

En este caso su actividad no se limita solo a la noche, también pueden jugar por la mañana pero te recomendamos que no lo tengas en el mismo cuarto donde duermes porque te despertará o lo harás tú y perderá su confianza. Es mejor tenerlo en una habitación donde no se vaya a sentir mal ni asustado porque lo molestan.